domingo, 2 de agosto de 2009

El cadáver al fin definitivo

¿Cuántas muertes propias (dispares y análogas al mismo tiempo) me he de cobrar?
¿Cuántas más me he da pagar?
¿Cuántas tardes más, morir, bajo el mismo sol mecánico, arrastrando letárgicamente por la plaza todos mis cadáveres con collares de flores desnudas para ser reconocido -y poder oír así entre risas, mientras me señalan inquisitvamente con el dedo, "es él"-, en una de mis numerosas muertes?

No perder la calma.
Sé en este silencio que uno mismo, como la verdad, no se halla en una noche; el cadáver al fin definitivo.

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