viernes, 14 de agosto de 2009
De como escribo
La inspiración sucede en un estado de inconsciencia en el que un divino fulgor logra filtrarse entre las ramas de los árboles del bosque frío de la mente. Así, si se ha colado éste y si, ávido, soy capaz de atraparlo -pues a veces se desvanece- entonces desdoblo su luz de blanca espuma y la encierro en el papel. Mas dicho fulgor deviene por sí solo, jamás uncido a una trozo de realidad. Toda relación, ya consicientemente, viene después.
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