Llevo dos años y medio encerrado en esta casa,
solo. Hace dos años y medio que hablo
con objetos inertes a los que he bautizado
con tu nombre. Permanece la puerta cerrada
-como tú la dejaste tras marcharte-
desde aquella noche de la que hoy hacen
dos años, cinco meses, tres semanas y un día.
Aunque por la noche todavía muero, todos los días
amanezco y siento júbilo en mi cuerpo, siento
ganas de vivir: de respirar aire fresco.
Pero cuando intento salir, cuando estoy tan solo
a metro y medio de la puerta, retrocedo convencido
de que allá afuera un nazgûl me busca, busca ansioso
el anillo de boda que aún porto en el dedo corazón
-pues él es en verdad el Anillo Único-
oteando desde el cielo, en su bestia alada,
el barrio que me vio crecer. Y no salgo. No salgo.
martes, 28 de julio de 2009
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