Es azul el cielo y gris el amargo sabor de mi boca. Roja la sensación de arder. Verde el misterio de moscas dentelleando la piel de torpes cuerpos desnudos. El blanco para ellos. De negro color el contacto de todos danzando en el beis del infinito. Rosa mi lengua lamiendo el silencio de color amarillo; el amarillo manifiesto de las manos del muerto.
Imagine, lector. Imagine bien esta amalgama de colores. Imagínenos a ambos, usted y yo, uno frente al otro, imaginándola. Y añada un color más al cuadro expresionista: Pronunciemos en alta voz el violeta, una a una las violetas letras de la palabra perdón.
martes, 28 de julio de 2009
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