El sudor resbalaba en su frente.
El viento embestía las páginas de su libro.
Al contrario que el aire,
la arena, a cada segundo,
se hacía más ingrávida.
Las gaviotas causaron estragos en la multitud.
Se hizo el silencio.
La soledad comenzó arder
en derredor de la muchacha,
que, frente a la magnitud del mar,
lloraba a aquel misterio.
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1 comentario:
Llevo 45 minutos leyendo y releyendo tu poesía...me engancha, desde la segunda lectura, con las pestañas ya humedecidas y experimentando vez tras vez la sensación descrita...
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