Lo recuerdo perfectamente. Llevabas un sombrero.
Recuerdo aquel abrazo y aquella tinta del alma
saliendo de mis ojos y derramándose sobre tu pelo.
Recuerdo que dejé de tener el control sobre mi cuerpo.
Desfallecí estando ya muerto desde hacía poco más de una hora.
Sí. Tú me mataste. Me mataste pero, tranquila, sin rencores:
yo te quiero, eres mi pasado y te siento aún, siniténdome
atrapado en estas redes de la telaraña cualquiera de un corazón
cualquiera que es el mio y que ha olvidado sentir;pero te siento.
Extraño es el hecho de que no recuerdo tu mirada,
y sin embargo me petrifica ipso facto el evocarla.
Vienes a rozar mi piel de forma cariñosa en mis sueños,
como pidiendo perdón, revocando a mí esa fragancia sideral,
firmamental (nightjuice),prendiendo la gruta oscura de mi memoria.
martes, 2 de septiembre de 2008
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