Las paredes se derriten en el clamor de este cuarto oscuro. Un cuarto oscuro al que mi alma en ocasiones viene a sollozar, como es el caso de esta noche.
Miro por la ventana debido al terror que me causan las putas paredes derritiéndose y, ¿qué me encuentro? Una jauría de perros rabiosos, y algún que otro lobo, contemplando atentamente a una joven y hermosa mujer de rostro lívido (Es tan sumamente lívido, que podría jurar en presencia de Dios que irradia, irradia esclareciendo en el vacío, como si de un misterio se tratara, la jauría en cuestión).
Mi corazón bombea con estridencia, y yo comienzo a sentir el helor de la tinta vagando por mis venas. Estoy atrapado, atrapado en la red del horror: paredes derritiéndose, y las sombras; una jauría de lobos, y las sombras; la irradiación del semblante de una joven y hermosa mujer y las sombras con sus respectivas sombras que, impotente, me devoran.
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1 comentario:
Chido, bakán.
Tengo que hablar contigo hoy, hijo de Glotis.
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