lunes, 15 de septiembre de 2008

La habitación; la jauría; la luna y las sombras con sus respectivas sombras

Las paredes se derriten en el clamor de este cuarto oscuro. Un cuarto oscuro al que mi alma en ocasiones viene a sollozar, como es el caso de esta noche.

Miro por la ventana debido al terror que me causan las putas paredes derritiéndose y, ¿qué me encuentro? Una jauría de perros rabiosos, y algún que otro lobo, contemplando atentamente a una joven y hermosa mujer de rostro lívido (Es tan sumamente lívido, que podría jurar en presencia de Dios que irradia, irradia esclareciendo en el vacío, como si de un misterio se tratara, la jauría en cuestión).

Mi corazón bombea con estridencia, y yo comienzo a sentir el helor de la tinta vagando por mis venas. Estoy atrapado, atrapado en la red del horror: paredes derritiéndose, y las sombras; una jauría de lobos, y las sombras; la irradiación del semblante de una joven y hermosa mujer y las sombras con sus respectivas sombras que, impotente, me devoran.

domingo, 14 de septiembre de 2008

El mito del rosal que ardía

Ayer me contó una mujer, al salir de su casa, que había visto hacía pocos días por el barrio una rosa ardiendo, lo cual, según me aseguró, causó admiración entre los transeuntes. Mantuvo con ansiedad sus ojos clavados en mis ojos siempre escépticos, por un instante, y como leyendo mi mente: "le juro a usted que ardía." Sin pronunciar palabra alguna le di la espalda y me fui.
No. Personalmente no creo que hubiera nada allí: ni rosales ardiendo, ni transeúntes, ni nada. Tan sólo cristales, cristales de coches robados sobre las sucias aceras.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Deseo ahogarme en el océano.
Expandir mi alma
en la profundidad de la que vengo.
No por el hecho de morir,
pues no deseo morir,
sino por abandonarme, sumido
en la soledad y el silencio
de un piélago, hermético
y cansado;
cansado de vivir estoy
y de no encontrarme a mí mismo.
De no sentir ni el frío
ni el calor.
De no percibir la hermosura
que reside en las cosas vivas
y en las cosas muertas de este mundo.
Deseo, más que nada,
adjuntarme, como instantáneas
a un mail de despedida,
adjuntar mi alma
de forma expansiva
a la profundidad sin fondo,
a las raízes del por qué
y del sin acabar de comprender.


a Lautréamont

martes, 2 de septiembre de 2008

Recuerdo

Lo recuerdo perfectamente. Llevabas un sombrero.
Recuerdo aquel abrazo y aquella tinta del alma
saliendo de mis ojos y derramándose sobre tu pelo.
Recuerdo que dejé de tener el control sobre mi cuerpo.
Desfallecí estando ya muerto desde hacía poco más de una hora.
Sí. Tú me mataste. Me mataste pero, tranquila, sin rencores:
yo te quiero, eres mi pasado y te siento aún, siniténdome
atrapado en estas redes de la telaraña cualquiera de un corazón
cualquiera que es el mio y que ha olvidado sentir;pero te siento.
Extraño es el hecho de que no recuerdo tu mirada,
y sin embargo me petrifica ipso facto el evocarla.
Vienes a rozar mi piel de forma cariñosa en mis sueños,
como pidiendo perdón, revocando a mí esa fragancia sideral,
firmamental (nightjuice),prendiendo la gruta oscura de mi memoria.