lunes, 21 de julio de 2008

Notas

I. La muerte es una esquela clavada en la sucia pared de una habitación a oscuras.
Hay quien la siente una vez y hay quien percibe asiduamente, en su ausencia, su permanencia más pletórica.
II. Mantenla, manten tu mirada perdida en el fondo del lago, pero no avistes a los peces que duermen en él.
III. Comienzas a sentirlo, el dolor de color rosa, el dolor de color de rosa, el dolor inmerso en una rosa; rosa rosa que adolece, principia a trizarte sin piedad.
IV. Y al final, en el ocaso, en la más lúcida zozobra, tiene lugar la innata regresión al abismo del yo: te encoges, devorando tus muslos, y comienzas a soñar.

3 comentarios:

Lázar Kagánovich de Tormes dijo...

Menos por la parte III, me gusta bastant.

Muérase, plis.

Armand Spencer dijo...

ya lo cambié, ahora está mejorado, m'kay.

Bráctea dijo...

A mí también me mola esto, es tuyo, ¿no?. Me gustaría entrar en coma para saber qué es eso de estar cerca de la muerte y ver el túnel mientras tus neuronas se apagan lentamente